Demasiadas muertes …

Toda guerra tiene víctimas y la pandemia ha sido y sigue siendo una guerra contra la especie humana. La economía se ha resentido con virulencia en esta guerra, cobrándose 45000 defunciones …

Toda guerra tiene víctimas, y la que estamos libando con el Covid 19, en nuestro país, hemos perdido a más de 45000 pymes, todas esas empresas que han desaparecido en este periodo de pandemia, empresas que no resistieron la envestida del maldito virus y sus consecuencias.

Es un numero enorme de organizaciones el que certificaron su muerte simplemente por que no fueron capaces de adaptarse, de reconvertirse, de soportar las consecuencias de confinamientos, muertes, pesimismo, miedo, inestabilidad, falta de recursos …

Este dato es sin duda aterrador, pero como sabeis, siempre me gusta ver los datos en comparación, ver los datos de forma que expliquen algo mas que la dimensión, y el hecho es que en % es la mortalidad es la más alta de Europa. ¿Qué interpretación podemos obtener de esta comparación?, simplemente da pie a pensar o a asegurar, que nuestras pymes poseen un nivel competitivo por debajo del mercado europeo.

En un país de pymes (95% de su tejido empresarial), donde estas empresas presentan un nivel competitivo bajo o mejor dicho, más bajo que los competidores, supone trazar un escenario donde cuando la economía “va bien”,  este nivel de competitividad tiene una incidencia menor (se disimulan los resultados pues lo que más  en sus resultados no son las perdidas, sino lo que dejan de facturar o la rentabilidad a la que renuncian), pero cuando aparece los más mínimos atisbos de problemas, la desaparición es la única salida posible que se aprecia para estas empresas. En este sentido confirmamos que la pandemia no ha sido un resfriado precisamente, sino que ha sido “un tsunami” que ha arrastrado con todo, desde lo más importante y preocupante la vida de personas, hasta provocar nefastas consecuencias para la economía y las empresas.

Llevo años pregonando que debe ser línea política estratégica la preocupación por dotar de mayor competitividad a nuestro principal proveedor de bienestar social en nuestro país, las pymes, pero o no se hace o se hace de forma inapropiada. Llevo tiempo diciendo que en las pymes es más importante proyectar ayudas (de diferentes tipos) sobre los dirigentes de la empresa, en forma de conocimiento, facilitándole contactos, proyectándoles propuestas de negocios, trabajando por una mentalidad empresarial más profesional y eficiente, que creando planes de ayudas a las empresas como fondos para tesorería, ayuda en los créditos, línea de subvenciones a coste cero, etc… ¿por qué? Fácil, porque la falta de competitividad tiene muchas aristas, pero la transversal, la principal y el origen de todas ellas es la falta de una cultura empresarial competitiva en la pyme. Existen carencias importantes en la que poseen la mayoría de los empresarios, los autónomos, los emprendedores de pequeñas organizaciones, ahí es donde se generan la mayoría de las causas del bajo nivel empresarial. Valga el símil, podemos ayudar al ciudadano que tiene un coche regalándole gasolina, disminuyendo el coste de mantenimiento, pero si el señor o señora no sabe conducir, lo más probable es que el accidente será inevitable y como haga un poco de lluvia o de niebla, la desgracia se acelerará.

Ya os comente hace algún tiempo que las pymes poseen un importante déficit directivo, no solo en cuanto cantidad de profesionales en este ámbito, sino fundamentalmente en cuanto a directivos con niveles adecuados de cultura empresarial eficiente, y aunque afortunadamente ese déficit se ha reducido, aún no es suficiente como para dotar de una mayor competitividad a nivel general para nuestras empresas en este segmento.

Por tanto y para concluir creo que no obsesionarse (desde diferentes ámbitos como el empresarial, gubernamental, asociativo, sindical etc…)  con alcanzar niveles más alto de competitividad entre nuestras pymes, como esos ámbitos comentados no se tomen esto como cuestión estratégica y urgente para el país, solo provocará que se reduzca el nivel de emprendimiento, que se fomente un menor empleo y de peor calidad, conseguir menos bienestar social, por lo que en mi opinión ha de ser de carácter prioritario y estratégico, se debe trabajar de forma seria, urgente, sensata y profesional por ese aumento de competitividad de las pymes. Esa es la misión para alcanzar una marca país más robusta, atractiva y competitiva

Ya le escribí una carta a nuestras queridísimas PYMEs, en la que le comentaba cual era mi visión de por qué era tan poco competitiva a nivel genérico, desgraciadamente el mercado ya nos lo indicaba claramente con ratios muy destacados, pero cuando aparece un drama como una pandemia que acaba con todo, solo hace que confirmarse en qué situación de debilidad están. Tenemos que certificar 45.000 defunciones en nuestras pymes.

 

@rafacera

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