Demasiados líderes, que en realidad no lo son…

Confundimos con asiduidad el jefe con el líder. Equivocamos en muchas ocasiones lo que entendemos como un gesto de liderazgo con un gesto de mandato. Hay personas que por el mero hecho de estar a la cabeza de un grupo ya se le adjudica la etiqueta de líder… Voy a compartir un contenido sobre un tema muy trillado, pero de tal importancia y tal trascendencia en el funcionamiento de nuestras empresas en particular, y de la sociedad en general, que creo merece la pena hacerlo. Cuando no diferenciamos o no sabemos poner los límites entre el líder y el/la que manda las consecuencias suelen ser de todo menos recomendables. Creo que os puedo aportar algunas pistas para saber quién es quién…

Liderar es ganarse la voluntad del grupo de pertenencia. Quiero decir con esto que el liderazgo no se gana, sino que se otorga por parte de otros ajenos al líder. Es una gran responsabilidad ejercer dicho liderazgo, pues se convierte en la cara visible de sus representados, que son aquellas personas que ceden su voluntad e influencia al líder. El líder adquiere el rol por ganarse la voluntad del grupo y esta voluntad solo la cede el grupo cuando el líder genera toda la confianza necesaria para ganarse dicho liderazgo. Por tanto, al final, el líder es la persona en la que confía el grupo, en la que recae la voluntad de los miembros por confianza, ya sea por aspectos técnicos, sociales, personales, ideológicos, etc… pero el líder no tiene por qué saber mandar, de hecho, no manda, el líder conduce, que es una labor mucho más complicada, ardua y conflictiva de cumplir.

Se utiliza con mucha facilidad o se asigna con mucha facilidad la etiqueta de líder. Tal persona del tal partido es el líder, la jugadora de tal equipo es la líder, el director de finanza es el líder del departamento… y todos sabemos que esto no es cierto, no es cierto siempre que contemplemos al liderazgo en los términos que hemos comentado, como la persona que se gana la voluntad del grupo y que conduce al grupo hacia el logro de sus objetivos. El liderazgo por tanto no se puede imponer o hacer recaer sobre cierta persona por cuestiones organizativas, o de cargos o simplemente por que sea el mejor en lo que hace… el liderazgo lo otorga el grupo y nadie más, el verdadero liderazgo. Sin embargo, el mandar o tener autoridad sobre otras personas si se puede conceder, pero como os digo el verdadero liderazgo lo que menos hace es mandar su función es la de conducir al grupo hacia sus objetivos.

En estos términos es fácil, al menos yo lo visualizo con claridad, cuando estamos ante un líder o simplemente ante alguien que manda, se nota en sus comportamientos, en sus formas, fundamentalmente porque el líder quiere seguir manteniendo la confianza que el grupo le concede, el que manda solo le interesa imponer su autoridad para conseguir sus propósitos. El líder toma en cuenta los objetivos grupales, el que manda suele tener objetivos que prevalecen y que son de índole más personales o particulares, el líder para mantener la confianza del grupo tiene que huir de la mentira, no puede faltarle a los valores grupales que representan al grupo o que lo identifican, se debe esforzar por hacer crecer a los componentes del grupo, tiene que configurar equipos de trabajo eficientes de talento y que se integren en el grupo, mientras que las personas que simplemente mandan por cargo o autoridad se sirven de todo lo contrario en muchas ocasiones, para conseguir lo que necesita, por lo que no es raro observar como utilizan la mentira, crean equipos ajustados a sus conveniencias y no a las del grupo, utiliza más el amiguismo que el talento para crear grupos de trabajo, y todo vale, todo por conseguir lo que se busca, aunque haya que renunciar a los principios o valores que aparentemente se defienden en ese grupo.

El líder tiene que decir en muchas ocasiones NO, y se atienen a las consecuencias de decir NO, el líder tiene limites que sabe que no puede sobrepasar si quiere seguir siéndolo o si quiere no faltarle a la confianza de sus colaboradores, el que manda sus límites se alejan mucho más de todas estas premisas, el líder no tiene por que ser previsible, pero siempre se ajusta a los limites que marcan sus valores, las prioridades del grupo, la visión de lo que se quiere conseguir, el líder no mantiene que el fin justifica los medios, sino que el fin ha de ser logrado con las reglas de juego del grupo y son el respeto por esas reglas de juego la que determinan precisamente quien es el líder y porque lo es. Todo esto no suele ser aplicable a la persona que simplemente manda.

En definitiva, el líder no manda, solo conduce, que es una función o labor más complicada y esa conducción, ese llevar al grupo por determinados derroteros, tienen su propio “GPS” que lo guía en su función, son todas esas cuestiones que sirven de guía por la que el grupo determina que alguien es el líder. Ese GPS viene determinado por algoritmos como los valores, comportamientos, palabras, alianzas, relación con el grupo, con otros grupos, etc… todos ellos son aspectos que determina el nivel de confianza proyectado por el líder y sobre los que el grupo asume como necesario para obtener esa confianza, cuando esa confianza desaparece o no alcanza los niveles mínimos requeridos por el grupo, el líder deja de serlo.

Mandar es complicado y posee mucha dificultad, liderar es otra cosa, es cuestión de seguir generando como mínimo la confianza que te aupó hasta el liderazgo… por todo lo comentado ¿no os parece que se sigue poniendo la etiqueta de líder con mucha facilidad y en demasiados casos, sin mucho sentido?

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