La ilusión y la ambición son ingredientes imprescindibles en cualquier empresa competitiva

Piensa a lo grande, ten ambición, sueña, pero ten los pies en el suelo, para cumplir sueños e ilusiones debemos dar respuestas a …

La ilusión y la ambición son dos magníficos elementos motivadores que no deben faltar en la dirección de la empresa. Estos, se deben transmitir hasta todos los rincones de la organización, pero lo que realmente hace que cuajen, que calen es que esa dirección lo comparta con todos los colectivos que interactúan para que la empresa funcione, hasta contagiarlos. Sin embargo, estos dos estados emocionales, la ilusión por situar a la empresa en un determinado estatus y la ambición por lograr las metas para esa “ubicación”, no deben tomarse como suficientes para conseguirlo, por sí mismo no son nada, más que deseos.

La dirección de la empresa siempre ha de tener dos parámetros que marquen sus decisiones y que les indique el camino a recorrer por la organización para cumplir esa ilusión y saciar esa ambición. Los indicadores a los que debemos prestar y tomar como referencia, no son otros que el mercado y sus exigencias, deseos, reglas, y por otro lado quienes somos como empresa, con recursos contamos, tiempo, persona, económicos, valores, tecnológicos, etc.

El trabajo de la dirección no es mas que dar respuestas efectivas al mercado con los recursos que poseemos, todas las decisiones, acciones, comportamientos que no cumplan con esta premisa, solo pueden tener como respuesta la frustración y la consiguiente pérdida de ilusión, por lo que, ante este escenario, el fracaso, habrá una falta de motivación y se entrar en círculos viciosos muy peligrosos en los que es difícil salir en el funcionamiento de la empresa. La dirección no debe más que hacer coherente los que somos, con lo que nos piden desde el mercado o dicho de otra manera, gestionar los recursos para dar respuestas de aceptación por parte del mercado, a partir de ahí el crecimiento, la rentabilidad, el cambiar de estatus la empresa es factible.

La ilusión y la ambición por si mismas no son más que un estado de animo que si no se acompaña de todo aquello que se requiere para lograr darle contenido, será algo efímero incluso contraproducente para la empresa, pues la frustración en las organizaciones genera un cáncer de difícil curación.

A todas las direcciones de empresas, a todos los emprendedores, a toda persona que inicie una actividad empresarial, le recomendaría que pensara a lo grande, que tuvieran ilusión con hacer algo grande con su actividad y organización, que fuesen ambiciosos en los logros a alcanzar y que el GPS que han de seguir para seguir el camino adecuado es generar lo que demande el mercado y gestionar nuestros recursos para ese servicio que debemos prestar, alineando a los colectivos para esta misión.

Cuando no se tiene ilusión, no hay ambición y sin esto la motivación no aparece, sin esta no se pone en marcha “el motor de conseguir logros”. No vienen buenos tiempos para las empresas, no estamos en el mejor de los escenarios posibles, pero debemos salvar la ilusión y la ambición si queremos seguir adelante, para ello no perdamos de vista al mercado y sepamos quienes somos y que tenemos. Sera la fórmula que nos dará grandes alegrías con nuestra actividad.

Por último, desearos Felices anormales Fiestas, lo mejor está por llegar en el próximo año, os deseo salud, ilusión y ambición, seguimos compartiendo en 2021, un placer vuestra compañía

 

@rafacera

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