La intimidad ya no importa, ni se cuida

Vivimos un tiempo de una extraña paradoja. Por un lado exigimos máximo respeto por nuestra intimidad y por otro lado facilitamos o regalamos los datos que la describen con la ingenuidad de un niño. Esto tiene como consecuencia que me pregunte ¿tanta exposición pública de nuestra intimidad hace que la estemos matando?

La intimidad, ese preciado tesoro de que podemos disponer los humanos y que solo nos pertenece a nosotros a nivel individual, es algo que cada día está más en desuso. Nuestro espacio, nuestros secretos, nuestros momentos íntimos, lo que hacemos con nuestro tiempo, esto cada día es menos frecuente que lo disfrutemos de forma particular y personal, cada vez más todo esto, lo referido a la intimidad, es más público y compartido. Las redes sociales muestran el día a día de muchas personas, de muchas marcas, de muchos colectivos, sobre todo, esto es más frecuente entre la generación que nació junto a un dispositivo, pero se ha irradiado al resto de generaciones de forma más o menos acentuada. Es esta generación la que principalmente parece haber prescindido de eso que llamo intimidad para compartirla on line con el resto del mundo. Otra veces, herramientas como redes sociales, podcasts, web, plataformas, etc… están siendo el soporte de muchas personas, que diseñan su propia intimidad a su propio antojo, creando algo alejado de la realidad, de s realidad, pero que a ello/as les gusta que sea así. Crean su propia realidad, pero al fin y al cabo ¿no es ese el principio del futuro éxito previsto para el metaverso? Obviamente en estos casos no se comparte la intimidad, sino la realidad que le apetece disfrutar al generador de contenidos o que sabe que al receptor interesa, da igual, si esta se sigue comprando con likes y followers.

Pues si la intimidad se está matando en muchos aspectos por que lo compartimos todo, por que parece que si no eres popular no eres nadie, es por ello por lo que hay demasiadas personas que por un like, por follower, por ser trend, por un cierto índice de viralidad, son capaces de compartir cosas tan intimas que prácticamente los hacen transparentes, y cuando te haces transparente, entonces es cuando no te ven. Mantener el misterio o cierto desconocimiento, es un arma de venta y de atracción de público o de clientes. Lo obvio y completo solo tiene un primer impacto.

También me sorprende que personas muy vinculadas con ese modo de vida en que se ha convertido el mundo on line, y que viven o al menos les ayuda mucho tener mucha presencia en redes y demás herramientas on line, en ocasiones reclamen con vehemencia el derecho a su intimidad… ¿a cuál? ¿a esa que usted vende de forma continua y por la que cobra?  o se quejan con igual intensidad de las críticas recibidas (es ciertos que hay personajes que mas que criticar lo que hacen es faltar el respeto) por contenido compartidos o por opiniones vertidas, pero que esperan, cuando deciden “mostrarse en un escaparate” todo ello es posible, pues ese escaparate no gustará a todos por igual y es la plataforma adecuada para verter todo tipo de críticas y elogios. Son herramientas que si no se saben gestionar puede causar mucho placer pero igual daño y consecuencias negativas.

Hemos decido ir matando la intimidad, y es que esta cuando se regala o se ofrece con el motivo que sea, es difícil que haya retorno para recuperarla o exigirla como propia. Parece que nos interesa más formar parte de ese escaparate que supone lo on line, que salvaguardar nuestra intimidad, y siempre he creído que la intimidad es un valor que genera interés, curiosidad, dota de cierta clase a quién la preserva y cuida de cara a los demás, aunque ya sé que somos seres eminentemente sociales, pero esto no es incompatible con tener o preservar ese espacio personal e íntimo, sin compartir. Es por ello por lo que creo que renunciar a ese espacio intimo en cierto grado va en prejuicio de la persona, de la marca o de la empresa que lo comparte todo, precisamente por lo que comentaba líneas atrás, se vuelven transparentes e invisibles tras cierto tiempo, falto de interés sobrepasado ciertos límites …

De igual manera, facilitamos nuestros datos, información personal sobre nosotros sin ningún tipo de limitación, nos conocen mejor que nosotros mismos, no sabemos en muchos casos que gestión se hace de esa información, pero sin embargo, después nos quejamos de ciertas actuaciones que no hacen más que mostrar cuanto nos conocen, pues de alguna manera sentimos que invaden nuestra intimidad. Es cierto que se pretende gestionar esa información a nivel legal con ciertas garantías de obtención, de uso, pero ya os comento, que ese interés o valor que suponen los datos no tiene vuelta atrás para preservar la intimidad, pues esa información personal, empresarial, es oro y nadie va a renunciar a convertirla o utilizarla para obtener mejores resultados, bien empresariales, políticos, deportivos o en el ámbito que sea.

Nuestro derecho a la intimidad debe prevalecer como uno de los derechos principales de las personas y de la marcas, pero este derecho queda inhabilitado o sin sentido, en el momento en que decidimos exhibirla con el resto del mundo, con esto la matamos, por lo que no tiene mucho sentido posteriormente reclamarla o exigir un derecho al que nosotros voluntariamente hemos renunciado.

@rafacera

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