Vale, hablemos de la dirección por valores…

La dirección por valores goza de un nuevo impuso en los últimos tiempos y todos/as hablan de que es una forma de dirigir muy adecuada para las empresas y para los tiempos que corren. Son muchas las organizaciones que están inmersas en interiorizar este paradigma, sin embargo, los resultados quizás en demasiados casos no están aportando lo que se esperaba, ¿Por qué?

Estoy convencido de que la dirección por valores es muy adecuada para cualquier organización o empresa, así como que bien aplicado genera muy buenos resultados. De igual manera, también pienso, que presenta múltiples dificultades para instaurarla en su plenitud. En relación a este, mi pensamiento, tuiteaba hace unos días:
“La dirección por valores es compleja de aplicar en su totalidad y con su máxima cobertura, debido al nivel de hipocresía que soportamos.”

Creo que este pensamiento define perfectamente mis dudas con respecto a este estilo de dirección corporativo. Mis dudas no se centran en la conveniencia de que la organización ha de tener unos valores que sean la guía de sus comportamiento y decisiones, mis dudas las generan quienes aplican esos valores, los encargados/as de hacer visibles eso en lo que se cree, eso que determina los caminos de la empresa. Ellos y ellas, son los encargados del éxito o fracaso de esta forma de dirigir.

El respeto por el medio ambiente, la conciliación familiar, la felicidad del trabajador, la solidaridad, el respeto, el compromiso con el bienestar de la comunidad, la eficiencia, el talento centrismo, etc. todos valores que forman parte de muchas empresas y de su ideario, de cómo y en función a que deben funcionar. Ante este listado de pretensiones, que entre otras cosas en algunas empresas solo son deseos de lo que les gustaría ser y en otras, solo son conceptos que pretenden una buena imagen de cara al exterior, sin más, siempre me planteo ¿cómo surgen esos valores que dice la empresa que van a interiorizar y por los que se van a dejar guiar?, ¿los determinan marketing cuales han de ser esos valores?, ¿se corresponde esos valores con lo que quieren ser y con lo que realmente son y/o como son percibidos? Preguntas todas ellas que recogen en sus respuestas la fiabilidad de instaurar una dirección por valores o no

Definir y establecer valores para una empresa no es difícil, no presenta ninguna dificultad, el problema se plantea cuando esos valores hay que trasladarlos a la empresa, o mejor dicho, al factor humano de la empresa, a las personas que han de dar forma, contenido y presencia a esos valores. ¿Y por qué están difícil? Porque existen los valores personales de cada empleado, que no siempre coinciden o son compatibles con los de la empresa, existen las creencias de cada cual en la empresa, el deseo prioritario y no negociable de alcanzar objetivos como sea, está la necesidad de ganar a un semejante o a un contrario, por un ascenso, cuenta, proyecto o trato de favor del jefe… y con este escenario, en ocasiones, en muchas ocasiones, esos valores no aportan la condición necesaria para conseguir el fin, incluso a veces la organización o la empresa se encuentra en la situación o disyuntiva de qué aplicar, esos valores que venera, defiende y ha insaturado y que no le permitirá conseguir lo que quiere o ser prácticos y conseguirlo… cuando se da esta situación y la empresa cede a la utilización de eso valores, entonces, esa dirección por valores deja de surtir efecto o simplemente se aparta y solo queda como una intención. Cuando se da este escenario, la dirección por valores queda reducida simplemente a una serie de políticas y anhelos que se aplicarán cuando sea posible, pero para entonces la dirección por valores ha muerto, organizativamente o simplemente nunca existió en la empresa. Cuando se traicionan los valores que decimos que nos definen, nadie puede exigir que se vuelvan a aplicar aunque sean en otras circunstancias, pues ya se ha sentado “jurisprudencia” de que esos valores solo son válidos en ciertas ocasiones, que no son herramientas que siempre ha de modelar nuestros comportamientos como organización, que no son útiles, en definitiva que en muchos casos se pueden prescindir de ellos.

De todo lo comentado fue por lo que tuiteé lo que os dejé unas líneas atrás, cuando esos valores no se utilizan o simplemente se mira para otro lado por la razón que sea, es cuando aparece la hipocresía organizativa o directiva, que justifica la renuncia a esos valores, o simplemente se realizar una campaña de blanqueo o de ocultación de la incoherencia cometida, en pos de ciertos logros alcanzados. La dirección por valores si exige algo es compromiso, coherencia, aceptación de esos valores en cualquier situación, pues si no tu reputación se verá gravemente afectada (otra cosa que esto le importe a la empresa o al directivo/a), aunque en muchos de estos casos, eso de faltarle a tus valores, hay quien defiende que no hay mala actuación que no se pueda recuperar, minimizar o simplemente hacer olvidar, con una buena campaña de comunicación. El maquillaje siempre tapó malas formas. No creo que la buena comunicación tenga la capacidad de eliminar adecuadamente del mercado nuestras incoherencias.
Groucho Marx, un adelanto a su tiempo, visionario y persona inteligente, ya adelantó hace mucho tiempo: “estos son mis valores, pero si no le sirven (para lo que yo quiero conseguir, esto lo añado yo), tengo otros”, Las empresas u organizaciones que dan sentido a esta frase, la única dirección por valores que pueden implementar es la de “siempre actuaré en función a mis intereses y utilizaré los valores, sean los que fueren, que me permitan conseguir lo que persigo”. Así, lógicamente, la dirección por valores pierde su esencia y su capacidad de competitividad, la que puede aportar a la empresa.

La dirección por valores supone aceptar el compromiso desde la empresa de que pretenden “ganar” competitividad con una visión determinada de lo que debe ser el mundo y la sociedad, y con las reglas que esta visión imponga, así como que sus empleados las acatarán en cualquier situación o escenario, esos valores estarán siempre por encima de valores personales o circunstanciales. La alta dirección ha de ser el garante de que esto sea una realidad en la empresa. ¿Entendéis ahora porque hay muchas empresas que tras un periodo de intento de aplicación de dirección por valores, no lo ven como adecuada, no hablan bien de este estilo de dirección?

@rafacera
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